Nacer
“Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor, que muchas
veces se llora de alegría” ~Aurore
Dupin (George Sand)
Estaban haciendo
frijoles cuando llegué a la cocina.
Recuerdo ese primer olor
a hoja de Laurel.
Era mi primera semana de
vida.
Se demoraron en llevarme
a casa porque nací con mucho frío y tenía fiebre descontrolada.
Sabía que mi mamá no
estaba cocinando porque ella me aguantaba y mi papá estaba hablando con mi mamá sobre el tema de los pañales.
Me queda deducir que fue
mi abuela quien estaba al fogón. No sé si era materna o paterna. Tal vez era simplemente
la Olla Reina la que estaba al tanto de esos frijoles. Pero en aquél entonces yo creo que no habían Ollas Reinas en Cuba.
Me gustó tanto ese olor,
pero no lo probé en el seno de mi madre. Parece que todavía no tenía el paladar
desarrollado.
Pero lo que realmente me molesta 32 años después, es que no recuerdo cuándo fue mi primera memoria de la luz, la simple luz que lo revela todo y que aparentemente nadie recuerda. ¿Por algo dicen que parir es dar a luz… será que mi grito era la luz? ¿El sonido podrá ser luz también? Pero claro, si son ondas.
Le pregunto a mi mamá,
mi papá, mis abuelas, toda mi parentela y hasta mis amigos, y nadie sabe cuándo llegó la luz, cuándo memorizamos la luz, cuándo la luz gritó: aquí estoy. Ni
los mismos científicos saben algo.
Que tragedia es morirse
sin saber de qué es la luz, dónde la luz, cómo es la luz, de quién la luz, porqué
la luz, cuándo la luz.
Por eso me consuelo con
que regresaré a la luz cuando mis ojos se mueran.
Que es una olla Reina?
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