Una mujer se me adentra
con rojo anhelo que suspira,
se adentra de bella postura,
su breve cintura debajo de mí.
He encontrado otra forma de amar,
he encontrado una huella de azar.
Veo una luz que se cuela,
que nos deja estrellada la noche.
Veo una vela haciéndose luna
en una figura que recuerda a un sí.
Veo más: veo que se rió.
Veo más: veo que lo pensó.
La cobardía es pecado
de los vivos, no de los muertos.
Los amores cobardes no alcanzan a dios,
ni al sol, se quedan allí, en la turbia imaginación.
Ni un beso los logra despertar,
ni el mejor alcohol resucitar.
El cobarde vivo es muerto.
Una mujer innombrable
me recuerda a una paloma blanca
y yo rápido busco un cielo,
devoro migajas y rompo el reloj.
Qué me tenga cuidado el amor,
que ya no séra del ayer.
Una mujer con caderas,
como un cuadro del viejo Courbet,
revolcándose con mi frágil cordura
invitándome a aquella locura con trago de amor.
Entonces puse el miedo a pensar,
y ahora canto porque la querré
aunque ella ya fue, vólo
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